El petróleo, la guerra y los aranceles vuelven a poner en alerta a la economía mundial

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El petróleo, la guerra y los aranceles vuelven a poner en alerta a la economía mundial
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Ricardo Ávila hace un análisis del entorno internacional.


PORTAFOLIO | Cualquier lector desprevenido habría podido concluir que se trataba de titulares viejos.

A fin de cuentas, la semana pasada la prensa internacional volvió hablar del alza en los precios del petróleo y de la guerra comercial protagonizada por Estados Unidos, temas que parecían haber quedado atrás el semestre pasado.

Pero claramente no fue así. La reactivación de las hostilidades en el Medio Oriente que pone de nuevo en entredicho el adecuado suministro de una quinta parte de los hidrocarburos que consume el planeta se sumó a otra ofensiva arancelaria por parte de Washington, en la cual Colombia fue una más de las víctimas.

Por causa de lo ocurrido se encendieron las alarmas relacionadas con la salud de la economía mundial. Pero muchos ignoraron el campanazo con el argumento de que hechos similares fueron motivo de inmensa preocupación unos meses atrás sin que realmente se cumplieran las predicciones de carácter más negativo.

Aún así, haber superado un primer bache con daños menores no quiere decir que la capacidad de aguante esté garantizada. Más de un analista ha señalado que el margen de tolerancia a impactos como los señalados se reduce cada vez que se repite el golpe. Para colmo, en la presente oportunidad hay amenazas adicionales que pueden desembocar en trastornos de marca mayor.

La gran ironía es que las preocupaciones actuales no están relacionadas con hechos fortuitos o inconexos. El causante de las turbulencias de ahora vuelve a ser Donald Trump, quien parece decidido a duplicar una apuesta en la cual también se juega el futuro de su administración. Con las elecciones legislativas de noviembre a la vuelta de la esquina, el Partido Republicano se expone a perder la mayoría con la que cuenta en la Cámara de Representantes y el Senado algo que, de llegar a ocurrir, limitaría seriamente el accionar del actual inquilino de la Casa Blanca.

Como lo muestran las encuestas, los ciudadanos estadounidenses ven con ojos críticos el aumento en el costo de ciertos productos que consideran esenciales –como el galón de gasolina– y el involucramiento en un conflicto externo que se asemeja a un callejón sin salida. Al mismo tiempo, en otras latitudes cobra carrera la percepción de que el país del Tío Sam retornó a la época del gran garrote y golpea con este a unos y a otros, comenzando por aquellos que se creían sus aliados, debido a lo cual es mejor tomar distancia.

Tales consideraciones merecen ser tomadas en cuenta en las más diversas capitales. También las sumas y restas merecen hacerse en Bogotá (algunos dirán que en Barranquilla) dado el cambio de mando que se avecina en la Presidencia de la República. Un contexto global en donde primen nerviosismo e incertidumbre le hará más empinada la cuesta del arranque al equipo que comienza.

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