Por qué el mundo necesita más petróleo, no menos
La industria petrolera juega un rol central en el mejoramiento de la vida de millones de personas.
¿Qué tienen en común la pasta dental, el jabón, cámaras digitales, computadoras, la gasolina, la calefacción, el combustible de los aviones, los neumáticos de nuestros vehículos, lentes de contacto y prótesis médicas?
Si el petróleo desapareciera hoy, estos y muchos otros productos y servicios que dependen directamente de este valioso recurso y sus derivados para existir desaparecerían también. Las redes de transporte se paralizarían, millones estarían condenados a congelarse en el invierno y las cadenas de suministro colapsarían, con inevitables repercusiones en la pobreza mundial.
La ‘Revista Estadística de Energía Global’ para 2022, publicada por el Energy Institute, del Reino Unido, así como consultoras como KPMG y Kearney concluyen que los combustibles fósiles constituyen un 82 % del balance energético global en 2022. Este número es similar al presentado en el más reciente reporte de la Opep, y expone un nivel similar existente desde hace 30 años.
Entonces, ¿por qué la mayoría de los debates existentes sobre de la premisa de la transición energética ignoran el estratégico rol que tienen los ‘commodities’, como el petróleo, en el constante mejoramiento de nuestros niveles de vida, promoviendo estabilidad y seguridad energética, así como los esfuerzos de tantas industrias conexas en desarrollar energía y mejores prácticas para la reducción de emisiones? La escala del reto que presenta el cambio climático es monumental; no obstante, compensar la creciente demanda de energía y mitigar los efectos del cambio climático son premisas que no deben estar contrapuestas.
Por el contrario, el mundo debería actuar para reducir emisiones y asegurar que la gente disponga de acceso seguro a los productos y servicios que necesita para vivir dignamente. Actualmente, los miembros de la Opep se encuentran invirtiendo en aumentar sus capacidades, movilizándose hacia tecnologías más limpias y adquiriendo valiosa experticia para descarbonizar la industria. Grandes inversiones están siendo orientadas hacia energías renovables, en hidrógeno, en la captura de emisiones, promoviendo una economía circular.
En conclusión, es perfectamente posible invertir a gran escala en renovables mientras continuamos produciendo el petróleo que el mundo necesita hoy día y en las décadas por venir. Esta postura también contribuye hacia la premisa de la estabilidad en tiempos de alta volatilidad, y resulta esencial por cuanto la historia nos demuestra que las transiciones energéticas evolucionan en plazos de décadas y toman múltiples caminos.
Esta realidad es aún más desafiante cuando se combina con la necesidad de garantizar las inversiones necesarias para compensar la creciente demanda de energía, asegurar seguridad energética global y su acceso asequible, así como la reducción de emisiones en cumplimiento del Acuerdo de París sobre Cambio Climático.
No hay una sola fuente de energía que pueda hacer frente a los requerimientos energéticos futuros. En lugar de ello, un paradigma que involucre a todas las fuentes y todas las tecnologías disponibles será fundamental. Sobre esto, los países de la Opep se encuentran listos, dispuestos y capaces de proveer la energía asequible necesaria para compensar esta demanda futura, mientras reducen sus emisiones y contribuyen a la erradicación de la pobreza energética.
La industria petrolera está llamada a jugar un rol central en el progresivo mejoramiento de la vida de miles de millones de personas. Si esto ha de continuar, y el mundo se toma en serio la responsabilidad de implementar transiciones energéticas ordenadas para compensar los requerimientos futuros mientras garantizamos seguridad energética para todos, la crónica desinversión en el sector petrolero debe ser inmediatamente remediada.